Durante esos cortos encuentros algo se encendía en nuestros
ojos; y yo, fanática de las miradas trataba a toda costa de cruzar las
nuestras. Con toda decisión buscaba sus ojos entre aquel flequillo que le
cubría la frente y parte de su ojo
derecho. Buscaba algo cálido, oculto en sus ojos oscuros, en aquella mirada a
veces sombría de Eri, de mi Eri.
Catt poco a poco se
iba convirtiendo en algo igual de lejano que el cielo que observaba
todas las mañanas a través de mis ventanas, pero pensar en ella me transmitía
paz, tranquilidad y amor.
Aunque casi no veía a Eri hablábamos casi siempre por fb, cuando no coincidíamos las 2 en línea
Eri me mandaba mensajes privados, llenos
de dulces palabras que me sonrojaban y
me hacían sonreír.
Ya lo veía venir, tenía miedo, miedo de sentir algo por Eri,
pero aun así me dejaba llevar por mis fantasías
de amor eterno y perfecto.
¿Quieres ser mi novia? Preguntó Eri, un escalofrió recorrió
mi espina dorsal y se alojo en mi
estomago. La miré y pensé como podía yo, la persona más femenina y vintage, con
tantos problemas emocionales tener una novia, alguien de su mismo sexo… No
lo sabía, pero aun así la esperanza embargo mi consternado corazón. Miré a Eri,
sonreí y dije sí.
Nos besamos, siempre con miedo de
que alguna anciana religiosa y homofóbica nos vea. Eri y yo bromeábamos
en ese asunto. Yo le decía que esta anciana nos iba a apuntar con un largo y
flaco dedo y nos iba a decir que la ira de dios iba a caer sobre nosotras, pues
lo que Eri y yo hacíamos era un horrible y el peor de los Pecados. En mi
interior pensaba que tal vez era cierto... Pero se lo ocultaba a Eri con la más feliz de mis sonrisas.
Eran días felices, pero el miedo opacaba mi felicidad.
En las mañanas, al despertar me sentía como un ser puro,
como una persona querida, creía que Eri me quería, pensaba en que tal vez yo
podía quitarle esa estúpida idea que ella tenía de si: que no sabía amar y que
no le interesaba aprenderlo, decía yo que como era posible que yo fuese novia
de alguien tan duro, pero no me importaba pues yo haría que Eri fuese un poco dulce… aunque conmigo lo era, yo
quería que fuese más dulce con los demás.
Por las noches La
desesperación y el miedo me hacían llorar.
Lloraba por mi mamá, porque no merecía ella tener una hija
como yo, y me aterrorizaba la idea de decirle que su niña, su bella princesa
anoréxica, tenia además una bella novia.
De su mismo sexo…
Lloraba por mí, lloraba por Eri… PUES ESTA ME HABIA
ADVERTIDO YA QUE NO ERA UNA BUENA PERSONA… Cuando me decía esto yo me echaba a
reír y le decía que si lo era, que era de las personas más maravillosas que yo
había conocido, se lo decía porque así lo sentía, realmente lo pensaba.
Pasaban los días, cuando salía con Eri nos era casi imposible
tomarnos de las manos, sentíamos que la gente nos miraba y eso, a mi me
importaba mucho, porque aquí es como un pueblo pequeño, donde todos conocen a
todos, y me mataba la idea de que alguien me viera de la mano o besando a Eri y
que después le vaya con el chisme a mi
mamá, Era algo que tenía que decirle yo, ya hallaría la manera… De una u otra manera mi mamá veía extraño que yo
saliera tanto por las tardes, ya que lo único que antes hacía era pasarme el
día aquí, cepillándome el cabello, lamentándome mi gordura y yendo a clases de ballet. Ahora salía con Eri antes
del ballet y cuando mi mama me
preguntaba que con quien estaba le decía que había ido sola por ahí, a dar una
vuelta… naturalmente ella no me creía, sabe que odio salir en las tardes, pero
a pesar de eso me decía: Está bien, cuídate y no llegues tarde.
Bromeábamos
imaginándonos cómo reaccionarían cada una de las personas que
conocíamos cuando se enteraran de
nuestra relación, nos reíamos al plantear situaciones graciosas y caras de
circunstancia que pondrían los demás… Después
mi boca se llenaba de algo amargo, al pensar en Catt… al pensar en cómo
reaccionaría ella, pensar en cómo me miraría después de enterarse de TODO.
Eri se daba cuenta de mi angustia y se angustiaba también,
algo en Catt le daba miedo y honestamente a mi también, mi Catt, un ser tan
raro, pero bello a la vez, no tenía idea de cómo sería su reacción; planeábamos
la manera de decirle, y decidimos que lo mejor era que YO le dijera.
Como era de esperarse, por mi cobardía nunca pude decirle
nada a Catt, se lo dijo Eri, y cuando se lo confirme yo a Catt, no dejo de
mirarme con ojos sombrios y apretando su bien formada boca me dijo: ¿Y cómo te
sientes? – a lo que yo respondí: pues tengo mucho miedo…
Catt bajo la mirada y sonrio tétricamente…
Empieza el calvario… el mes mas difícil, duro, patético y de
verdades …

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